Jul 22
EL FONDO FILOSÓFICO
EL FONDO FILOSÓFICO
Los resultados de las investigaciones científicas comportan menudo cambios profundos en la concepción filosófica de pro mas cuya amplitud escapa al dominio restringido de la cien ¿Cuál es el objeto de la ciencia? ¿Qué requisitos debe cumplir teoría que pretenda describir la naturaleza? Estas cuestiones 1 cuando excedan los límites de la física, están íntimamente relaciona das con ella, ya que tienen su origen en la ciencia. Las generalizaciones filosóficas deben basarse sobre las conclusiones científicas. Pero, establecidas y aceptadas aquéllas ampliamente, influyen a - vez en el desarrollo ulterior del pensamiento científico, indicando uno de los múltiples caminos a seguir. Una rebelión afortunada contra lo aceptado da como consecuencia, generalmente, inesperados progresos que traen aparejadas nuevas concepciones filosóficas. Estas observaciones parecerán vagas e insustanciales mientras no estén ilustradas por ejemplos de la historia de la física. A continuación trataremos de describir las primeras ideas filosóficas sobre el objeto de la ciencia. Estas ideas influyeron grandemente en el desarrollo de la física hasta hace apenas unos cien años, cuando fueron descartadas a causa de nuevos hechos y teorías, que a su vez formaron una nueva base para la ciencia. En toda la historia de la ciencia, desde los filósofos griegos hasta la física moderna, ha habido tentativas para explicar la complejidad de los fenómenos naturales partiendo de cierto número de ideas y de relaciones simples y fundamentales. Este es el principio básico de toda la filosofía natural. Ya está expresado en la labor de los atomistas griegos. Hace veintitrés siglos escribió Demócrito: »Por convención, dulce es dulce; por convención, amargo es amargo, y por convención, caliente es caliente, frío es frío, color es color. Pero en realidad sólo hay átomos y vacío. Es decir, los objetos de la sensación se suponen reales y es costumbre considerarlos como tales, pero en verdad no lo son. ¡Sólo los átomos y el vacío son reales.» Esta idea quedó en la filosofía antigua nada más que como una ficción ingeniosa de la imaginación. Los griegos no conocían ley alguna que relacionara hechos subsiguientes. La relación científica entre teoría y experimento tuvo en realidad su principio en los trabajos de Galileo. Ya hemos visto y desarrollado las claves iniciales que condujeron al descubrimiento de las leyes del movimiento. Durante dos siglos de investigación científica la fuerza y la materia fueron los conceptos subyacentes a todas las tentativas de comprender la naturaleza Es imposible imaginar la una sin la otra, pues cada parte de la materia manifiesta su existencia como agente de unas fuerzas que actúan sobre otras partes de la materia. Consideremos el caso más simple de dos partículas materiales ntre las cuales actúan fuerzas. Las fuerzas más simples que se pueen Imaginar son las de atracción y repulsión. En ambos casos, los vectores que las representan están sobre la línea de unión de las rrt1las (y. fig. 21). La exigencia de simplicidad conduce, pues, a rnagen de partículas que se atraen o repelen; toda suposición diflte respecto a la dirección en que obran las fuerzas daría una ‘ mucho más complicada. ¿Se puede hacer una conjetura igualmente sencilla sobre la longitud de los vectores fuerza? P deseando evitar hipótesis demasiado especiales, es posible la siguiente: La fuerza que actúa entre dos partículas cualesqu depende únicamente de la distancia que las separa, como s’’ con las fuerzas de gravitación. Esto parece suficientemente s. Se podría imaginar fuerzas más complicadas, tales que, por c pb, dependan de las velocidades de las partículas además de la L tancia. Repitiendo: con materia y fuerza como conceptos fundame tales, resulta muy difícil imaginar suposiciones más simples que de fuerzas actuantes según la recta de unión de las partículas y ¿ pendientes, únicamente, de su separación. Pero, ¿será posible ¿ cribir todos los fenómenos físicos por medio de dichas fuerzas mente? El gran éxito de la mecánica en todas sus ramas, su r nante triunfo en el desarrollo de la astronomía, la aplicación de ideas a problemas aparentemente distintos y de carácter no n co, todo esto contribuyó a afianzar la creencia de que es p. describir todos los fenómenos de la naturaleza en términos de s pIes fuerzas actuando entre objetos inalterables. Durante los dos glos posteriores a Galileo, tal intento, consciente o inconsciente, visible en casi toda creación científica. Esto fue claramente formul do por Helmholtz a mediados del siglo XIX. «En resumen —escribe Helmholtz—, el problema de las ciencias naturales consiste en referir todos los fenómenos de la naturaleza a L de atracción y repulsión invariables cuyas intensidades dependan totalr de la distancia. La posibilidad de resolver este problema constituye la c ción de una comprensibilidad completa de la naturaleza.» Por lo tanto, la línea de desarrollo de la ciencia está, s Helmholtz, perfecta y estrictamente determinada: «Y su función habrá terminado —continúa Helmholtz— tan pronto como se cumpla la reducción de todos los fenómenos naturales a esas simples fuerzas y se demuestre que ésta es la única reducción posible.» Esta concepción parece torpe e ingenua a un físico del siglo xx. Le asustaría pensar que la gran aventura de la inve stigación pudiera quedar terminada tan pronto y le parecería poco estimulante que quedara establecida para siempre una imagen infalible del Universo. Aun admitiendo que según esos principios se pudiera reducir la descripción de todos los hechos naturales a la actuación de fuerzas simples entre las partículas, queda abierta la cuestión de la forma en que dichas acciones dependerían de la distancia. No se puede rechazar la posibilidad de que, para fenómenos distintos, esa dependencia sea diferente. En tal caso, la necesidad de introducir tipos distintos de fuerza sería ciertamente insatisfactoria desde dicho punto de vista filosófico. Sin embargo, el así llamado punto de vista mecanicista o concepción mecanicista del Universo, formulado con máxima claridad por Helmholtz, jugó un papel importantísimo en su tiempo. El desarrollo de la teoría cinética de la materia constituye una de las más grandes adquisiciones de la ciencia, directamente influida por la concepción mecanicista. Antes de asistir a su ocaso, aceptemos provisionalmente el punto de vista de los físicos del siglo pasado y veamos qué conclusiones es posible obtener de su imagen del mundo exterior.










