Jul 29
Capítulo III, Si la voluntad general puede errar
Capítulo III, Si la voluntad general puede errar
De lo dicho se infiere que la voluntad general siempre es recta, y siempre se dirije á la utilidad pública; pero de aqui no se sigue que las deliberaciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud. Queremos siempre nuestra felicidad pero á veces no sabemos conocerla: el pueblo no puede ser corrompido, mas se le engaña á menudo, y solo entonces parece querer lo malo.
Hay mucha diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general: esta solo mira al interés comun; la otra mira al interés privado, y no es mas que una suma de voluntades particulares, pero quítense de estas mismas voluntades el mas y el menos, que se destruyen mútuamente, (8) y quedará por suma de las diferencias la voluntad general.
Sí, cuando el pueblo suficientemente informado delibera, no tuviesen los ciudadanos ninguna [37] comunicacion entre sí, del gran número de pequeñas diferencias resultaria siempre la voluntad general, y la deliberacion seria siempre buena. Pero cuando se forman facciones y asociaciones parciales á espensas de la grande, la voluntad de cada asociacion se hace general con respecto á sus miembros, y particular con respecto al estado: se puede decir entonces que ya no hay tantos votos
como hombres, sino tantos como asociaciones. Las diferencias son en menor número, y dan un resultado menos general. Finalmente, cuando una de estas asociaciones es tan grande que supera á todas las demas, ya no tenemos por resultado una suma de pequeñas diferencias, sino una diferencia única; ya no hay entonces voluntad general y el parecer que prevalece no es ya mas que un parecer partícular.
Conviene pues para obtener la espresion de la voluntad general, que no haya ninguna sociedad parcíal en el estado, y que cada ciudadano opine segun él solo piensa (9). Esta fue la única y súblime institucion del gran Licurgo. Y en el caso de que haya sociedades parciales, conviene multiplicar su número y [38] prevenir su desigualdad, como hicieron Solon, Numa y Servio. Estas son las únicas precauciones capaces de hacer que la voluntad general sea siempre ilustrada, y que el pueblo no se engañe.










